miércoles, 18 de agosto de 2010

Luz dosificada

ó el día en que me reconcilié con los gatos

Una luz tenúe de foco ámbar
un departamento semi vacío
las ideas plasmadas de una pintora guerrerense en un enorme cuadro en el que destacan los rojos y uno más pequeño con instrucciones que contienen tantos significados como pares de ojos las contemplen, restos de alcohol tabaco y demás, un sofá con una chica semidormida o semidespierta,
y el único testigo de esta hermosa aunque extraña escena
paseando entre todos los elementos en sus ágiles cuatro patas,
cómo en una animación la luz de la ventana principal parece cambiar con cada parpadeo
sólo parece, dice el reloj que el tiempo ha sido exacto en su costumbre de transcurrir pese a todo.

(-la chica)

aunque esta presente desde hace tiempo
la soledad se nota cuando golpea a quien creía haber
aprendido a lidiar con ella tiempo atrás,
el hecho real es que no se habían enfrentado sin música, libros, trabajo, estudio, internet, o cualquier recurso disponible...

la cabeza comenzo a contaminar,

el ruido del celular y las pequeñas noticias en mensaje de texto son  inyecciones de ideas para proyectar algunos deseos recuerdos nuevas historias o todo a la vez,

las diferentes emociones provocadas dan paso a la desesperación
son necesarias algunas dosis de ganas inhaladas

el reloj sigue

llegan las voces conocidas, unas más que otras
una charla en la madrugada
o dos
o tres
ninguna en vivo
ninguna clara.
 
Casi ninguna...

(-el gato)

nuestro testigo siempre observador y distante (como deberían ser todos los testigos)
dejó de serlo y comenzó a dar respuestas con movimiento
cuando ella demuestra su miedo
se vale con astucia de las largas o cortas (indefinidas) ausencias  para acariciarla
la luz es más
la desesperación menos

permanece el ambiente anormal

(-la chica y el gato)

De alguna manera el abrir los ojos y topar de frente la mirada más enigmática que haya creado la naturaleza
comienza a convertirse en la forma más eficaz de obtener respuestas.

Es extraño recibir ese tipo de información funciona sólo cuando hay luz
y es absurdo que llegue como paliativo de corta duración
para alojarse únicamente en otro lugar escondido del cerebro
casi siempre detrás de las telarañas que vamos tejiendo
y con la incertidumbre de ser o no utilizada

por lo pronto cumple con su función

ella cree que a veces el día no debería llegar
sin embargo
él si sabe cuando es momento para detener la convivencia pero antes
se acerca de más,
comparten el sofá,
se pasea sobre ella
sentado en sus piernas levantando la cara la mira por última vez
y sale justo por donde el ruido de la ciudad empieza a recuperar el ritmo

(-el fin o el principio de la chica y el gato)

Esta es la última señal ahora ella se retira con todo lo ganado y el deseo de caminar en silencio tanto como tenga que hacerlo antes de que vuelva a obscurecer...
y no precisamente afuera.

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